Flor Giusti

  • Flor Giusti

jueves 6 de octubre de 2011


“El invisible-sin peso, sin dimensión,

sin sombra errante transparencia para quien habían

dejado de tener un sentido las vulgares nociones

del frio o calor, día o noche, bueno o malo-…”

Alejo Carpentier, El arpa y la sombra

Lo habitual:

El desgaste en los ojos,

la predisposición a salir,

los besos que salen como fantasmas de las bocas,

el olor a tabaco muerto.

Todo explota: hasta el huevo poye que interviene en el playón de exposiciones inútiles, de malas informaciones, como el noticiero de la tarde.

Del ir y venir en la noche de sexo compuesto de joyas ahogadas, de diamantes en bruto, de las sabanas recién planchadas, del olor a hollín interviniendo en la plaza del querer.

El hundir, el pensar el mundo que nos borra del mapa, de la vida, que no engendra.

de los viajes por los mares de Guatemala, del perdón en los ojos sobresalientes de alguien necesitado: del trato en la boca, de el verde hundirse en una telaraña en donde el animal está en la red.

de trepar hacia las patas traseras del insecto para que explote en un raso violeta, para cubrir los sillones, los otoños , las primaveras.

Salir a la calle y contar las bocas que se tapan con luciérnagas, con luces incansables, abrimos la boca y hay luces , luces verdes y amarillas, que salen, salen y vuelan , vuelan , se van al otro trópico, descienden en las selvas tropicales.

Engañó al hombre, se impresionó por la desnudes de las arañas, de las mujeres con senos dorados pero sin oro.

Se ilusionó con la noche, con la lluvia, con toda la tierra mojada, con las tormentas, con los versículos.

Se acostó con la indomable, la engendradora, la que tenía el oro, el amor, el terciopelo, el viaje a conquistar.